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Meditaciones sencillas para comenzar

Enraizarse a Tierra

Cuando te sientas disperso o distraído y hayas perdido el contacto con nuestro mundo terrenal puedes encontrar útil usar la siguiente meditación:

Empieza por sentarte en silencio, cerrar los ojos y respirar lentamente y con profundidad unas cuantas veces, tal y como se explica en la meditación de “aprendiendo a respirar”

En la medida de lo posible procura tener contacto con la tierra.  Lo ideal sería poder sentarte directamente sobre un cojín para mantener tu chakra base o raíz directamente en contacto con el suelo.

También puedes sentarte cómodamente en una silla con la espalda bien recta, en este caso, descálzate y asegúrate de que la planta de los pies esté en contacto directo con el suelo.

Una vez bien cómodo y en la postura indicada, enfoca toda tu atención en la parte baja del abdomen en un punto aproximadamente a tres dedos (unos seis centrímetros) debajo del ombligo y a unos cuatro dentro del cuerpo.

Los practicantes de artes marciales llaman a esta zona el t’an t’ien (o hara) y creen que es un punto focal para la energía vital o chi.  Esta zona coincide con el tercer chakra, llamado “plexo solar” pero no debe ser confundido con el anterior; se dice que este punto acumula y gestiona toda la energía del cuerpo.

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Ser consciente de cuanto nos rodea

El fin de esta meditación es tomar consciencia de nosotros mismos y nuestro papel con todo aquello que nos rodea.  Si observamos detenidamente todo aquello que tenemos alrededor, seremos capaces de apreciar realmente el valor de las pequeñas cosas.

Esta toma de conciencia puede darse en cualquier lugar, podemos practicarla en nuestra misma casa, en nuestro lugar especial de meditación, en un parque, en el lugar de trabajo, e incluso tomarnos el lujo de sentarnos en una terraza a disfrutar con nosostros mismos del sabor de un café mientras de forma tranquila observamos la vida de nuestro alrededor.

En esta meditación consciente tomaremos este último entorno, ya que además de la vista, utilizaremos los demás sentidos para abrir nuestra mente y ser conscientes del "todo" tan presente y tan poco observado, en nuestro día a día.

Comenzamos primero, con los ojos cerrados, tomando una inspiración profunda y pausada, siempre por la nariz, notando cómo el aire pasa a través de las fosas nasales, garganta y pulmones.  De igual forma y pausadamente, espiraremos también por la nariz. Es muy agradable visualizar internamente cómo el aire depura cada uno de nuestras células y órganos.

Una vez hayamos regulado la respiración, abriremos suavemente los ojos, como cuando nos despertamos en un día de fiesta por la mañana y comenzaremos a observar con los sentidos.

Primero mirad todo lo que os rodea con serenidad, como si estuviéseis observando un lienzo al detalle...¿cuáles son los componentes del cuadro?...hay árboles, asfalto, personas hablando, flores, cielo, nubes...

Ahora volved vuestra atención a cada uno de los componentes al detalle, por ejemplo el árbol.  Mirad su color, su verdor, los diferentes tipos de verde según la cantidad de clorofila en las hojas, la antigüedad de su corteza, su movimiento con la brisa.  Notad su energía al extender sus ramas al sol y su agradecimiento por recibirlo cada día.  Sentid la vida.

Notad el sol en la piel, qué sensaciones os produce o qué podéis visualizar...¿podéis ver cómo se genera la vitamina D a raíz de sus rayos en vuestra epidermis? sed consciente de las ventajas que produce su luz en nuestro cuerpo, la alegría, el calor agradable y daros cuenta de cómo variarían esas sensaciones si en lugar de un día luminoso fuese un día gris.  Mostrad vuestro agradecimiento al sol con tan solo un pensamiento.

Mirad a las personas de vuestro alrededor, ¿son familia? ¿han salido solos?¿sonríen? seguro que muchas de sus expresiones corporales o faciales explican muchas historias.  Intentad entender una con solo el sentido de la vista y mediante las señales que emiten.

Si estáis sentados en vuestra terraza y tenéis alguna maceta, fijaros en ella. Regadla un poquito y sentid cómo el agua fluye a través de la tierra y cómo alimenta sus raíces para aportarle todo su verdor.

Notad el viento o la brisa y las sensaciones que os hacen sentir.

Si estáis bebiendo algo, intentad diferenciar los diferentes aromas, qué efectos provoca en vuestro sentido del gusto o las sensaciones en vuestra boca.

Todo aquello que os rodea es válido para esta meditación, solo hay que desgranar los detalles de lo que podemos ver y disfrutarlo.

Tomaros vuestro tiempo, sin prisa, sin juzgar, solo observando.

Ahora sed conscientes de cada sensación que esa observación os aporta, cómo os hace sentir las pequeñas cosas...

Por último, cerrad los ojos de nuevo e incorporad todos los sentimientos que os ha aportado la consciencia de todo lo que os rodea.  Disfrutadlo por unos minutos mientras respiráis de manera profunda hasta que abráis vuestros sentidos al mundo otra vez.

 

A pescar al lago...

Comencemos por respirar profunda y lentamente, mediante respiración abdominal, poco a poco para evitar una hiperventilación y el consiguiente mareo.

Una vez notéis que la respiración se vuelve tranquila (parecida a la que utilizamos mientras dormimos) comenzaremos:

Intenta mirar con tus ojos hacia adentro y sienta cómo el sol te calienta la cara…estás sonriendo y te sientes muy bien. Te encuentras a la orilla de un lago, es muy tranquilo y te apetece subirte a la barca que tienes a tu lado y remar hasta el centro del lago. Mira atentamente cómo es la barca, de qué color, qué forma tiene…mientras subes a ella.

Sabes que es una barca mágica, tú mandas sobre ella y hará todo lo que tú quieres que haga, excepto volcar. Ella, al igual que tú, es inteligente y sobre todo quiere que estés seguro.

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